Estados Unidos: cambio climático y política de medio ambiente

Vivimos tiempos en los que el cambio climático ocupa muchas portadas. Cada año son muchas las personas que mueren por causas directas e indirectas de este fenómeno provocado en gran parte por el ser humano.

Los efectos van más allá de las vidas humanas y afectan a miles de especies animales y vegetales que podrían desaparecer por los cambios de temperatura que se suceden. Esto afecta a los modos de vida de las civilizaciones, y por tanto, también al pueblo norteamericano.

Estados Unidos, como potencia mundial, ha tenido siempre un papel destacado en la lucha por la sostenibilidad. En este post analizaremos las cuestiones recientes que se han sucedido y los cambios que se prevén para el futuro.

Política de medioambiente en Estados Unidos

Culturalmente, Estados Unidos es uno de los países más concienciados con la lucha contra el cambio climático. De sus universidades y centros de investigación salen cientos de trabajos que contribuyen a explicar el desarrollo de este fenómeno. No solo se trata de una fotografía de la realidad, sino que sus investigadores proponen medidas concretas que pueden ayudar a atajar el problema. Sus políticas como potencia mundial se han basado siempre en intentar paliar los efectos de este cambio, al tiempo que invertir en medios que eviten que el futuro sea más verde y sostenible.

Sin embargo, en el área económica, Estados Unidos es un país industrializado y con mucha producción de energías fósiles, lo que contrarresta estos posicionamientos anteriores desde el área académica. Esta actividad no solo se realiza en terreno americano, sino que las empresas americanas están extendidas por todo el planeta. Esto provoca el fenómeno de los migrantes ecológicos. Se trata de migrantes a EE. UU. que han tenido que dejar sus países de origen por las actuaciones de las empresas americanas en dichos territorios.

Recientemente…

Estados Unidos ha contado en el gobierno con miembros que en la dicotomía sostenibilidad-productividad se decantaban más por la segunda opción. No en vano, se trata de un dilema presente en la sociedad americana. Este dilema plantea que para reducir las emisiones y la contaminación, también es necesario producir, consumir y, por tanto, ganar menos. Ante este problema, presidentes como Donald Trump optaron por defender la llamada economía real de las críticas de los activistas medioambientales. Para el expresidente, las regulaciones contra la contaminación eran trabas que lastraban la economía y beneficiaban a países competidores de Estados Unidos.

En esta línea, el republicano decidió sacar al país de importantes acuerdos globales que defendían la necesidad de medidas regulatorias. El más sonado fue probablemente el caso del Acuerdo Climático de París. Se trataba de un pacto entre 195 países firmado en 2015, que buscaba paliar los efectos del cambio en el clima y reducir el calentamiento global. Esto tuvo un efecto importante en otros tratados relacionados.

Medidas contra el cambio climático

Las medidas más comunes en este marco son las comprendidas en el Acuerdo Climático de París y en el Protocolo de Kyoto. El primero de los dos acuerdos establece pautas comunes para revisar cada cinco años las actuaciones de los países. Pretende además constituir un nuevo orden en el que las economías contaminantes y devastadoras sean declaradas ilegales, además de que se incentiven las buenas prácticas empresariales. Estas medidas han vuelto a entrar en vigor desde que el recién elegido presidente Joe Biden reincorporara al país a los acuerdos de la capital parisina.

Recientemente se han tomado algunas medidas concretas en el país en este sentido. El 27 de enero se firmaron las órdenes ejecutivas que reducen los subsidios al sector petrolero, así como a otros combustibles no renovables. También se han detenido las licencias para explotar gas en terreno federal. Esta medida se ha acompañado con un plan para proteger casi un tercio de las tierras y zonas marítimas del país antes de la década de 2030.

Anteriormente a este cambio de dirección, que analizaremos con detalle en el siguiente apartado, EE. UU. había tenido una actitud dudosa cuando se trataba de la economía. La política de medioambiente en Estados Unidos había sido considerada un freno para algunas empresas. Ante esta situación, estas decidieron mover su producción a países con menos restricciones, continuando así la contaminación, aunque fuera del suelo americano. Sin embargo, en Estados Unidos no recibían penalización por ello ni se censuraban sus productos. La acción climática exterior de Estados Unidos ha forzado las migraciones de muchas comunidades. Algunas al llegar a Estados Unidos, han tenido que solicitar una reagrupación familiar en EE. UU. para poder reunirse con seres queridos que seguían sufriendo los efectos del cambio en el clima.

Medioambiente y la Administración Biden

Tras solo algunas semanas como presidente, Joe Biden ya revocó algunas de las controvertidas decisiones de Donald Trump en esta materia. Una parte importante ha sido la mencionada vuelta a escenario internacional con el reingreso en el Acuerdo de París. Se considera un fiel defensor de las políticas medioambientales, ya desde su etapa como vicepresidente de Barack Obama.

Joe Biden apenas lleva algunos meses en el cargo, pero se ha declarado amigo de la multilateralidad y los acuerdos conjuntos en materia climática. Ha respaldado, por ejemplo, a António Guterres, el secretario general de las Naciones Unidas. Este líder había pedido que la mitad de la cantidad presupuestada para el clima se invirtiera en adaptación. Una aplicación práctica de estas políticas es invertir más en construir espacios ecológicos, energías renovables, puntos de reciclaje y demás. Las infraestructuras contra los efectos del cambio en el clima también han sido suscritas por Biden, que conoce los efectos que provocan las tormentas en el sur de Estados Unidos, por ejemplo.

En conclusión…

Queda claro que la posición de Estados Unidos ha cambiado mucho en los últimos meses respecto al cambio climático. No obstante, aún queda mucho por hacer, ya que se trata de un país que contribuye demasiado a empeorar este problema. Es de reconocer la actitud de los gobernantes por legislar a favor de una política sostenible para garantizar décadas de paz y estabilidad a las generaciones futuras.

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